Labios carnosos, sensuales y húmedos que se cierran en torno de un objeto cilíndrico, que lo acarician, lo chupan y succionan como velada promesa de futuros placeres carnales... Humo blanco y copioso que escapa por la boca entreabierta en un eterno y mudo jadeo; manos que trazan delicados arabescos en el vacío sujetando su pequeño objeto de placer.
A veces, algo tan simple como el fumar se convierte en todo un rito sensual y provocador, como tantas cosas que por cotidianas no damos mayor importancia, un gesto, una mirada, un leve suspiro, una pose... Incitación para unos, sensualidad cotidiana o fetiche sagrado para otros.
Me gusta fumar, me gusta verla fumar, sobre todo cuando su fondo trasciende al mero acto de exhalar humo y se convierte en el más inocente de los vicios confesables.
















¡Cómo he disfrutado con estas fotos! Muchísimas gracias por regalármelas a los ojos.
ResponderEliminarA mi también me gusta verte fumar.
...desde siempre.